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Pedro Meyer © 2009

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Fui con Nadia hace un par de días a visitar a su abuelo que ya tiene 94 años y vive con su nueva novia, Blanca, en una casa de retiro para gente mayor, cerca de la Ciudad de México. Al retirarnos de la casa donde viven junto con otras aproximadamente cien personas mayores, me encontré sentada en una sillita a esta linda mujer de la foto.

Al verla me dio la sensación que estaba viendo algo muy especial que tenía que fotografiar, lo hice sin entender mis motivos. Aun no tenía claro por qué esa persona que ni conocía me llamaba tanto la atención. Pero luego de estar observando la fotografía en forma detenida en repetidas veces, descubrí cual era mi fascinación con esa persona.

Concluí que su actitud sin duda era un canto a la vida. Por un lado ahí cuando las mujeres, mayores o no, gustan con mucha frecuencia vestirse de negro, esta señora se vestía como un arco iris que mas bien parecía venir de la paleta de un pintor. Ahí donde las mujeres huyen de ser fotografiadas a la mas mínima arruga, esta mujer me sonreía con gran tranquilidad y alegría, dándome a entender que estaba bien que yo la retratara, se sentía contenta y las arrugas eran solo el resultado de un cutis que ya ha visto mucho de la vida.

Todo su maquillaje si bien imperfecto en la ejecución, eran otro testimonio mas de que lo importante era como ella se sentía como persona mas que la nitidez del maquillaje a juzgar de como se asomaba a la vida por esos ojos verde-azulosos, que me miraban fijamente.

Sentí que la imagen era el perfecto contrasentido de todo lo que en la sociedad se exalta como lo deseable en la representación femenina, desde el cutis perfecto hasta el maquillaje inmaculado, dejando a un lado el bien estar y bien ser de la mujer. Con la consabida pretensión de que es por medio de tecnología digital que debieran borrarse los vestigios de una vida vivida con plenitud.

El problema es que en un momento de la vida, el cuidar de todos estos detalles estéticos, es la diferencia entre recibir o no un trabajo como actriz, modelo, o ejecutivo, o los votos de un electorado para un político o la aprobación de un novio en el internet. La imagen pública parece serlo todo.

Sin embargo hay un momento en la vida, en donde todo cambia, cuando podemos dejar que se nos vean las arrugas sin mayor problema o consecuencia aparente. Yo pienso que no es un problema de edad, sino de la convicción que tengamos a la edad que sea, que las apariencias sólo son eso, apariencias.

Estoy seguro que a muy pocos se les habrá de escapar la ironía, que en estos tiempos en donde tanto se discute acerca de la verdad en la imagen fotográfica, la mayoría de las personas ni siquiera quieren ver esa verdad de la que tanto se habla, prefieren vivir en un mundo de apariencias.



Pedro Meyer
Coyoacán, México, Enero 2009


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